Más de tres décadas bajo el agua:
la historia de Constancio Herrera y el Club de Apnea Gijón
Artículo de LA VOZ DE ASTURIAS
por María S. Condado
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Playa El Silencio, campeonato social. Foto: Merediz.
A sus 72 años, Herrera, uno de los miembros fundadores, continúa realizando inmersiones, ahora acompañado por su nieto
15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.
«Con unas simples gafas y un tubo prestados por un amigo» así fue Constancio Herrera hizo sus primer inmersiones, una actividad que, a sus setenta y dos años, continúa practicando. Y es que Herrera es uno de los miembros históricos del Club de Apnea de Gijón. Este club gijonés nació en marzo de 1990, impulsado por un pequeño grupo de amigos que, tras pasar por otras entidades de buceo, decidió crear su propio espacio para compartir una misma afición: el mar. «Éramos ocho o diez, una pandilla que se llevaba bien y decidieron fundar el club», recuerda Constancio.
Desde sus inicios, el club se consolidó como una referencia en el norte de España, no solo por su actividad deportiva, sino también por su compromiso social. «Colaborábamos con la Fundación Banco de Alimentos y con La Asociación Gijonesa de Caridad- Cocina Económica ». Sus acciones solidarias estaban también estrechamente relacionadas con la ciencia. «Siempre invitábamos al Instituto Español de Oceanografía IEO, sus científicos, sacaban las vísceras de los peces y hacían estudios para la alimentación y aplicarlos a la acuicultura», explica Herrera.
Además, durante sus años de mayor esplendor, el club llegó a organizar campeonatos de gran relevancia, incluyendo pruebas pioneras de pesca submarina con la participación de hasta cien deportistas procedentes de diferentes regiones.
Año 1923, Pormenande, Cto. Parejas social.
Durante décadas, el club fue mucho más que un lugar para entrenar. Su sede en el Ateneo de la Calzada acogía asambleas, conferencias, proyecciones y debates sobre legislación, medio ambiente y técnicas de pesca. También editaban revistas anuales que hoy forman parte de la memoria histórica del colectivo. «Había charlas, exposiciones, vídeos; era un punto de encuentro para aprender y compartir», explica Herrera. En su momento de mayor crecimiento, el club superó los 300 socios activos y más de 600 personas pasaron por él a lo largo de su historia.
Pero el covid lo cambió todo. La llegada de la pandemia marcó un antes y un después en la trayectoria del club. Las reuniones presenciales desaparecieron y la actividad se trasladó, en gran medida, a las redes sociales y a los grupos de mensajería. A ello se sumaron «las crecientes exigencias administrativas para organizar eventos y salidas al mar. Ahora todo lleva mucho más trabajo y esfuerzo, y a veces no merece la pena», comenta Herrera.
En la actualidad, el club cuenta con entre 60 y 70 socios, con edades que van desde los 20 años hasta veteranos que superan la edad de jubilación, como Constancio, que a sus 72 años continúa disfrutando de esta afición, ahora compartida con su nieto de nueve años. «Sigo yendo siempre que puedo. Lo practico sobre todo en verano, cuando el mar lo permite. En casa hasta me riñen cuando llego tarde», explica entre risas.
Ahora, mientras Constancio y el resto de miembros históricos continúan disfrutando de este deporte, también sueñan con que las nuevas generaciones mantengan su legado y sigan manteniendo vivo el club que les vio crecer dentro del agua.
El abuelo y su nieto Mario.
Posteado por Constancio Herrera
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